Cuenca, 27 de diciembre de 2024.- En arquitectura, como en la vida, la diferencia entre “ver” y “mirar” define nuestra capacidad de comprender el mundo que nos rodea. Ver es un acto mecánico, inmediato; mirar, en cambio, es un proceso consciente que exige tiempo, atención y sensibilidad. La arquitectura, como disciplina profundamente vinculada a lo humano, no puede limitarse a lo visible. Debe mirar más allá: captar las emociones, las historias y las posibilidades ocultas en cada espacio.
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